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Vence a los ladrones de comida

The fat man and refrigerator

He aquí la pesadilla de un día de trabajo: sientes ese hueco en el estómago que te llama a hacer una pausa hedonista, y con toda la ilusión del mundo te diriges al refrigerador, donde sabes que te espera ese emparedado de huevo y jamón que tan amorosamente te preparó tu madre, pero…

Ahí tienes que al abrir el refrigerador no lo encuentras por ninguna parte. O peor aún: está, sí, pero con una gran mordida que abarca el 50% de su superficie… Los ladrones de comida han atacado de nuevo. Y a gastar cinco euros en algún bocadillo anónimo y frío en la tasca más cercana.

No, no hay justicia en el Universo.

¿Cómo vencer a los ladrones de comida? Hay remedios que han probado su ineficacia: las notas pasivo-agresivas del tipo “No te comas lo que no pagaste” o el incordiar al personal de vigilancia, más ocupado en tareas realmente más importantes que salvaguardar tu consumo de colesterol.

Los expertos asumen que la forma más efectiva de detener un crimen es hacer al responsable participe del sufrimiento que ocasiona, pues lo que incentiva los pequeños ilícitos, como el robo de comida en la oficina, es la idea de que no se hace daño a nadie. Si cada vez que te roban la comida, explicas en voz alta a todo el que te escuche cómo te lesionan con el robo, y pegas una nota en la heladera explicando el padecimiento que te provocan, tienes una buena posibilidad de que los robos cesen.

Y si no, bueno: resignación, al fin y al cabo que 4 euros no es para tanto.