Economía

Más austeridad, menos popularidad

Macro of belt with gold buckle

Austeridad versus crecimiento. Es un intenso debate al que hemos asistido en los últimos meses, y ante el cual poco espacio tienen las posturas intermedias. La situación es la siguiente: hay un país P con una tasa de déficit D. El déficit en sí no es algo malo (ni la deuda, puesto que sin deuda un país no puede invertir, y si no se invierte, no se crece). El problema de P es el precio al que tiene que financiar su deuda, debido a que los mercados lo castigan elevando su prima de riesgo. Por lo tanto, muchos piensan que la austeridad es la mejor vía, puesto que las políticas de crecimiento repercutirían en una peor financiación del país (a más dinero debido, más deuda). Aunque muchos otros arguyen que las políticas de crecimiento, a pesar de suponer un incremento de la deuda del país, puede mejorar los índices económicos y esto puede repercutir en que los mercados den una tregua a la prima de riesgo.

Por supuesto, el país P puede ser España. Con un problema añadido: el debate no es realista del todo, puesto que desde Europa nos exigen “apretarnos el cinturón” para contener el déficit, lo cual tiene una lectura principal: que no somos del todo soberanos y dueños de nuestro propio futuro. Los problemas de la austeridad los estamos, pues, viendo: se recorta en gastos en educación y sanidad y otras prestaciones sociales (y no en gasto superfluo y duplicidades de las administraciones públicas), mientras Europa sonríe. No sonríe la popularidad de nuestros gobernantes: en un estudio que ha hecho Citi sobre España, Italia, Francia, Grecia e Irlanda, se demuestra que la austeridad va ligada a la menguante popularidad de los gobernantes.