Finanzas

Los españoles se quedan sin recursos para gastos imprevistos

Hungry children in refugee camp, distribution of humanitarian food

Aunque los datos económicos más globales dan resultados positivos a la hora de valorar la situación de España, lo cierto es que no vemos ese reflejo en el caso de las economías domésticas, que siguen pasando dificultades y en momentos realmente difíciles para sus finanzas. De hecho, la pobreza de las familias españolas continúa en aumento, y en este caso los españoles parecen estar condenados a sufrirla. Y si las familias pobres aumentan, las que tienen problemas para no cerrar en negativo, también.

Actualmente, los españoles parecen quedarse sin recursos para gastos imprevistos. En la última estadística, el 40% de los ciudadanos se ha quedado ya sin ningún tipo de ahorro o recurso al que acudir en caso de que surja algún pago que no estaba previsto en el presupuesto mensual o no se había podido prever. En estos casos, el que puede acude a familiares o amigos que puedan prestarle el dinero para afrontar la cuesta arriba. El que no, hace uso de la tarjeta de crédito, de préstamos rápidos fáciles de conseguir, o se queda en caros descubiertos que hacen que esa deuda sea mucho más problemática.

Si echamos la vista atrás, nos damos cuenta de que en la economía doméstica han cambiado muchas cosas. De hecho, en 2007, cuando la crisis aún no se conocía, el porcentaje de españoles que no podía afrontar estos gastos era del 30,4%. En 2013, a día de hoy, han ascendido al 41,1%. Es decir, somos más pobres, y nuestro poder adquisitivo se ha ido resintiendo por la recesión, por el paro, por los recortes y por la caída paulatina de los salarios.

Gastos básicos imposibles

Lo más preocupante son los números que se esconden tras esa pobreza en auge. De hecho, de los que no tienen dinero para gastos imprevistos, vemos como el 15,6% reconoce no poder mantener una temperatura adecuada en su casa. Mientras que algo más del 8% dice no pode consumir los alimentos que quiere, sobre todo en el caso de la carne. ¿Hacia dónde van nuestras economías domésticas?