Finanzas

La ley de usura tiene cien años

La Ley de Represión de la Usura cumplirá 100 años el próximo 23 de Julio, sin reforma alguna en su vida jurídica. Incluso las sanciones se presentan en pesetas… Debemos el mañana con leyes del pasado: la ley que nos protege ante los abusos del muy moderno sistema financiero data de 1908.

“De 500 a 5.000 pesetas” de multa al prestamista que viole la regulación marcada por la ley y que fija los límites de acción de los prestamistas y define los derechos de los prestatarios… desde la óptica de hace un siglo.

Una ley que reclama una renovación profunda ante ciertas prácticas de la banca y los negocios de crédito rápido que si son usura, se le parecen bastante.

El enorme problema de esta ley tan añeja es su indefinición en cuanto a las circunstancias actuales que rodean a un crédito, y que por ello, para su aplicación se debe recurrir a la interpretación de un juez.

Por ejemplo: la ley sanciona la alteración de la fecha de cumplimiento de un préstamo por parte de un banco, lo que anularía legalmente la figura de refinanciación . También ordena el castigo a quien conceda el crédito a una persona incapaz de pagarlo.

La Adicae (Asociación de Usuarios de Bancos y Cajas de Ahorro) demanda una urgente  reforma de esta ley que defina nuevas formas de cálculo objetivo para las condiciones y costos de un préstamo.

No podríamos estar más de acuerdo.

Fuente | Ley de Represión de la Usura

Foto | Braulio Jatar

  • Sergio Farras

    SERGIO FARRASblogamigosfotosescritor tremendista
    .Categoría: Créditos personales
    28 Agosto 2007

    LA “USURA” DEL SIGLO XXI
    Como en el mercader de Venecia, una clásica y gran obra teatral, donde Shakespeare, cuenta muy inteligentemente el arte de pedir, para después el mal negocio de devolver lo pedido al que se le suele llamar deuda. La usura, se manifiesta en nuestros tiempos con empresas que ofrecen servicios de “mini créditos” con unas ventajas no siempre claras, donde se suele acabar pagando el triplo de lo pedido. Y lo que en principio parece ser maravilla, puede después convertirse en una tragicomédia jurídica inacabable.

    Estas empresas, consideradas de capital de riesgo, careciendo de oficinas fijas cómo las que pueda tener la banca convencional, donde al menos, si te denegan el crédito les puedes pedir un calendario o chupar unos caramelos del mostrador. Sin embargo, los prestamistas de “mini créditos” tienen su propio “modus operandi” para captar adeptos crediticios, en televisión en horario matinal o por internet. Con técnicas de dudosa ética y moral, con unos intereses que casi mejor pactar con la mafia que emprender la aventura del empeño. En principio, parece que todo son ventajas. ¡Pero ojo!, si les fallas, te llevan a juicio sin más miramiento ni ceremonia que el que se le exige al reo a cumplir su condena. El departamento de cobros, carentes de empatía y de sensibilidad si te surge un revés, imprevisto, infortunio, o te quedas sin trabajo…, se suelen lavar las manos cómo Pilátos, que se ve, que era un señor muy “aseado y escrupuloso”, quitándose el problema de encima como el que no quiere saber nada de miserias y sufrimientos ajenos. Y cuando te atrasas en los pagos, se escudan en armas cómo una guarnición, y que si pudieran, se lo cobrarían con “una libra de tu carne”, aunque la legislación actual probablemente se lo prohibiría, pudiendo rozar la extorsión con amenazas cómo: “si no puede pagar pídaselo a un vecino…”, haber leído bién el contrato…”, “no me venga con excusas impías…” El deudor, siempre quiere que se le pague. Esa es su obsesión.

    El que aquí suscribe, no está en contra de que unos dejen dinero a otros y se cobre por el recado, sino de los descabellados y altos intereses, propios de mercaderes de la edad media, o de los métodos de recaudación más propios de una película de el “Padrino”, o del bandolerismo -Véase “Curro Jimenez o José María el Tempranillo”-, aunque éstos tenían más carisma popular entre su pueblo. El diablo anda poco con estas gentes. El diablo tiene clase, estílo y hasta su ética propia, y no se suele mezclar con ciertos tipos de almas indecentes. ¡Faltaría más!

    Estos prestamistas del siglo XXI no son nada filantrópicos ni altruistas, Y si te pueden joder, te joden en la más grande de las jodiendas, sin más miramientos que la condición y términos del contrato que en mala hora se firmó con decisión precipitada, igual por la necesidad, o igual por desconocer a donde pueda llevar tal desventura.

    Suelen tejer su redes normalmente en la clase obrera y más necesitada. Aprovechándose a veces, de las amas de casa y los pensionistas que no llegan a final de mes, de los fantasmas del “quiero y ni puedo”, y que desean darse un “capricho”, a veces hasta surrealista y siempre fuera de sus posibles, claro. Muy diferente del personaje de Shakespeare, que pedía dinero por una causa tan noble cómo es el amor. Porque pedir 3.000 euros no es lo mismo que pedir tres mil ducados. Y a estos, con tal de cobrar lo debido, no les importa en absoluto que el judío se convierta en cristiano. Defendiéndose y buscando la lógica en su locura comercial. Porque éllos, saben, que la gente andamos ajustados con esto de el dinero, en esta sociedad tan materialista y consumista. Y esa, es su estratégia, jugar con la desesperanza de los pobres.

    Pero cómo decía Luís de Góngora, allá por el siglo XVI, ya cita en su poema “Verdad , mentira”, satíricamente a donde nos puede llevar esta obsesión con el dinero y lo corrupto que este puede llegar a ser.

    “Cruzados hacen cruzados, escudos pintan escudos, y tahúres muy desnudos, condados ganan condados, y coronas majestad. ¡Verdad, verdad…!