Economía

Gastamos primero, pensamos después

she spend all my money

Un artículo de Newsweek traerá algo de alivio al alma torturada de los compradores compulsivos (esos que gastan sin detenerse a pensar en las consecuencias de sus actos y sin recordar los que los cursos de economía nos han enseñado sobre el ahorro). Al parecer, recientes estudios han determinado que las compras irrazonadas tienen su origen en comportamientos atávicos dictados por una zona particular del cerebro, y que se trata de gastos que realizamos sin consciencia alguna de su gravedad y consecuencias.

Se trata de una zona del cerebro a la que los investigadores han llamado “cerebro económico”, y sería la parte que nos dice “gasta, gasta, gasta: ¿pero qué esperas?”, en lugar de aconsejarnos reservar para épocas más duras.

Según los investigadores, esta región del cerebro se ha visto influenciada por el pensamiento contemporáneo que prefiere el placer inmediato al que se dilata en su cumplimiento, y a las sociedades que han convertido al consumo en el mayor de los placeres. Vivimos bajo la idea de “consume ahora, no después”, y  nuestros cerebros lo saben.

Según recientes investigaciones, es posible mapear en el cerebro las zonas que nos urgen a comprar en lugar de ahorrar, en un intento de nuestro cerebro de proveernos de una satisfacción inmediata y segura. Se trata de la región del cerebro que predice las consecuencias, procesa el sentimiento de recompensa, alienta la motivación y controla la memoria.

Esta zona hace la diferencia entre los compradores compulsivos y los ahorradores: los primeros son incapaces de ver más allá para predecir las consecuencias de sus actos, pero ven de cerca la posibilidad de recibir una satisfacción.

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    Seguramente tendríamos más conciencia ahorradora si pensáramos bien lo que compramos antes, pero las compras compulsivas son un duro hueso de roer.