Empresas

El arte de procrastinar

Una de las tareas esenciales del trabajo (sea en casa o en la oficina, o en donde nos ocurra) es procrastinar. Un verbo que se ha venido a poner de moda en la web 2..0: la dilación de los deberes urgentes mediante la realización de tareas menores o distractivas. O dicho en buen castellano: el hacernos los tontos para no hacer lo que deberíamos hacer.

El trabajo duro paga con el tiempo, pero la pereza paga ahora mismo.”

¿Procrastinar es motivo de despido? No, y los jefes harían muy mal en incentivar a su represión, porque a pesar de las intenciones del procrastinador (aka el vago) “hacer el tonto” es la esencia misma del trabajo creativo.

Procrastrinar a pesar de lo que ha difundido la prensa y los enemigos de la procrastinación (y los procrastinadores mismos) no es igual a no trabajar: es la postergación de un deber que no es hóstil, pues no sabemos si estamos capacitados para hacerlo. Y esta postergación, sin embargo, no se realiza en blanco, sino trabajando, y en muchas ocasiones el esfuerzo y el tiempo invertidos en procrastinar es mucho mayor que el tiempo y el esfuerzo invertidos finalmente en realizar en la tarea rechazada.

¿Y dónde está la creatividad en hacer el vago? El procrastinador deja de lado una tarea inmensa y se dedica a otras maneras. Es el caballero que deja de lado al dragón y se va a descuartizar cocodrilos, o el diseñador que deja el ordenador con la página sin terminar para jugar a los SIMs. ¿Qué hacen en el fondo caballero y diseñador? Ejecutan tareas, en apariencia inútiles, que los entrenan para cumplir con el gran deber. Una vez que se saben preparados, acometen al dragón y al diseño. Y vencen.

El procrastinador puede estar inerte, pero su mente no: trabaja a cien. Lo explica mucho mejor este hermoso corto de Johnny Kelly:

httpv://www.youtube.com/watch?v=UXziurFkQxM

Fuente | Ecuaderno

Imagen | El “Bloc” del Doc