Finanzas

Contra las escuelas de negocios

Businessman Playing With Dominos

¿Qué tan eficientes son las escuelas de negocios en la formación de economistas, líderes y empresarios (piezas clave, todos ellos, en los movimientos de las finanzas locales y mundiales)? Para Florence Noiville, autora de Soy economista y os pido disculpas, muchos de los problemas, desigualdades y desastres que provocan la especulación y otras prácticas avariciosas y libres de ética, nacen en las aulas y los cursos de las escuelas de negocios.

En una entrevista concedida el día de ayer, a La Vanguardia, Noiville se presenta como otra de esas economistas arrepentida, y pone el dedo en la que considera la llaga: la formación de los economistas. Y algo sabrá de ello, pues renunció a su lucrativo puesto como analista financiera para escribir y atender la sección de libros del diario francés Le Monde.

Para ellas, los economistas y analistas financieros no hacen nada que no se pueda hacer con “una inteligencia media y capacidad de ponerse una corbata y una camisa limpias cada mañana. Y de decir sí, señor”. Lo que hace de la economía una carrera tan lucrativa es que “el sistema financiero retribuye a esa élite por su avaricia y falta de escrúpulos. He visto pagar a la banca una fortuna a una escuela de negocios para que dictaminara que el sistema financiero no necesitaba regulaciones…”

Y cuenta un caso concreto, de total relevancia para este momento: “ex compañeros de escuelas de negocios asesoraron a Grecia, ya fichados como ejecutivos de Goldman Sachs, para que supiera cómo maquillar sus cuentas y engañarnos así a todos los europeos.”

Para Noiville, el problema está en la filosofía de las escuelas de negocios, en donde “tu talento lo vuelven avaricia. Son como aspiradoras de inteligencia, ilusión y juventud que devuelven a la sociedad tipos engreídos, cínicos y ajenos al bienestar colectivo. Están obsesionados por hacerse más ricos normalmente a costa de todos.” Lejos de a visión tradicional del sistema capitalista en donde “el banquero era consciente de que la sociedad le permitía acumular riqueza, pero sólo para reinvertirla después en la sociedad; y el empresario se apropiaba de las plusvalías del trabajo ajeno, pero también se sabía obligado a crear con ellas empresas y empleo.”

La incidencia de economías en donde conviven los bonus millonarios a directivos y empresarios y los despidos sin regeneración de plazas, como en España, le dan la razón.