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Cómo resarcir un insulto

Angry women arguing

Ya sabemos cómo opera el mundo cuando los ánimos se calientan, y es extremadamente común que en una discusión de trabajo salten los insultos. Muchas relaciones laborales y empresariales terminan con una palabra subida de tono, un gesto, un portazo… pero no tiene porqué ser así.

¿De qué manera podemos resarcir un insulto?

Según señala Eduardo Punset en un célebre ensayo, “son necesarios cinco cumplidos seguidos para borrar las huellas perversas de un insulto”.

Lo primero que hay que señalar es que el insulto (el lenguaje agresivo o el maltrato verbal) es un comportamiento totalmente innecesario en cualquier contexto. No se puede asumir que la parte que se nos opone esté del todo equivocada o descalificarla del todo con base en su aspecto, integridad o limitaciones.

Segundo, el insulto deja una huella indeleble, especialmente entre compañeros de trabaja y socios, pues pone en duda la existencia de un acuerdo verdadero, de una palabra entre esos dos.

Una vez que ha ocurrido, sin embargo, el primer paso es reconocer el propio error, y comunicarlos al agredido. El reconocimiento de que un insulto es resultado de nuestra corteza de miras o de la propia intolerancia es más efectivo que una era disculpa.

¿Y después? Hay que llenar de halagos.

Cita Punset al psicólogo Richard Wiseman: “¿Es posible que durante miles de años hayamos prodigado menos cumplidos que acusaciones, sin saber que estábamos destruyendo la convivencia de una pareja o de una sociedad?”.

El cumplido es la clave para desandar el camino y resarcir lo que un insulto ha creado, pues la confianza sólo se crea confiando en la capacidad del otro.

¿Bastarán cinco cumplidos? No lo creemos, pero es, nos parece, la media mínima…