Economía

Cómo afectan las mentiras blancas a tu bolsillo

young businessman in suit telling a lie with the fingers crossed

Más de una vez se ha remarcado la necesidad de las mentiras blancas para que la sociedad funcione, y todos somos conscientes de la enorme cantidad de mentirijillas que decimos al día para no ofender y contrariar a los demás. De lo que no somos conscientes, sin embargo, es del costo real y monetario que tienen estas mentiras. Mentir cuesta, y mucho.

Piensa en esos regalos que no te han gustado, y que has recibido en un intercambio en el trabajo. Te gastaste a cantidad estipulado en el regalo que te correspondía, y a cambio recibiste algo digno de una tienda de Todo por 1 euro.

¿Qué fue lo que hiciste? Por encima de tu enojo, y de tu gasto dijiste que todo estaba bien, que estabas conforme.

Recuerda la última vez que el servicio fue insatisfactorio en un restaurante. La comida fue espantosas y el camarero era lento y descuidado. Sin embargo, para no contrariar a tu cita, dijiste que estaba bien.

¿Cuántas veces que has recibido un pago por debajo de tus expectativas y no has dicho ni pío? Las mentiras blancas nos ahorran la posibilidad de un conflicto, pero también nos afectan en términos a económicos.

(Eso sin hablar de grandes mentiras, como una doble relación o el ocultamiento de una falta.)

¿Qué es lo que debemos hacer para disminuir el costo de las mentiras blancas? Reducir las pequeñas mentiras a su nivel posible.

Se trata de una sencilla cuestión de costo-beneficio. ¿Decir la verdad puede ser más costoso que mentir? ¿Ofender a un cliente puede privarnos de beneficios futuros? ¿Debemos cuidar de una relación y es mejor ocultar nuestro enojo? Entonces mintamos. De lo contrario, hay que salir con la verdad… Y con un ahorro.