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Aprende a decir que no… sin parecer un imbécil

Uno de los tránsitos más difíciles para llevar una empresa es que no todos los favores, servicios, préstamos e iniciativas para las que nos solicitan son posibles. Y más de una vez nos vemos en el engorroso deber de tener que decir que no.

Decir que no es algo que se aborda poco en los cursos de gestión empresarial, una tarea de la que pocas veces salimos triunfadores. Es que no deseamos incluir elementos negativos en una relación laboral o comercial para evitar confrontaciones. Ocurre entonces que perdemos, pues en esa negociación nuestra aceptación de los términos de la otra parte nos perjudica, y al decir que sí, caemos en compromisos que no queremos o no podemos afrontar.

¿Cómo decir que no sin parecer un imbécil? Lo primero es que debes reconocer lo conveniente que te puede resultar no ayudar a la gente. Al no involucrarte en luchas o carreras ajenas, tienes mayor tiempo y energía para dedicarte a ti mismo. A veces, decir que sí es un atajo a la infelicidad.

Entonces, ¿cómo decir que no sin herir sentimientos? Es sencillo: nunca digas que no, pues nunca un no es una respuesta suficiente. Acompaña tu negativa de tus razones, pero también señala que te produce culpa decir que no.

“Me encantaría hacerlo, pero…”, es el mejor de los inicios para estas circunstancias.

Al expresar la culpa que te produce decir que no, además, puedes manejarla mejor. Y abres un diálogo en el que puede encontrar otras maneras de ayuda a quien te lo solicita.